Curiosidades

 

 

La primera imagen de Yu.

El descubrimiento del Museo Guimet, Museo Nacional de las Artes Asiáticas de París, significó un gran paso adelante en la investigación previa a la escritura de La princesa de jade. La imagen que se impuso por encima de todas las demás fue la que os presento en la fotografía. En ella encontré la mezcla perfecta entre sensibilidad y carácter que requería mi personaje. La información sobre la China del siglo VI no es fácil; los documentos son escasos, las construcciones de la época, la mayoría de madera, resultaron extremadamente efímeras. Por estos motivos, las figuras de terracota que se conservan en el Museo Guimet, reproduciendo viviendas, instrumentos musicales, animales, personas… me ayudaron a soñar el ambiente y los detalles de los capítulos que suceden en China. Por otra parte, el fascinante pien-chung, campanas en serie, sirvió para ilustrar una de las escenas que tienen lugar en la estancia de la princesa Yu.

 

 

El “Pien-chung” del Museo Guimet.

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Mandalas de agua

Cuando mantienes en alerta los sentidos percibes la realidad en toda su dimensión.

Era un domingo lluvioso de invierno. Al cesar la tormenta, las últimas gotas se precipitaban desde las ramas de un viejo olmo. Un charco en el suelo las acogía, interpretando una melodía antigua…

 
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La Sogdiana

 

 

Hombres sogdianos según un fresco del siglo VIII

Cuando te enfrentas a una novela histórica las sorpresas pueden ser constantes. Una de las más felices al escribir La princesa de jade fue el descubrimiento de antiguos países que el tiempo ha ido olvidando y transformando.

Quizás el que más me llamó la atención fue la Sogdiana. Situados a caballo entre Tayikistan y Uzbekistan, los sogdianos fueron un pueblo  de lengua irania. Sus ciudades más importantes eran Samarkanda y Numidllkat (la actual Bujara), referencia inexcusable durante siglos de la Ruta al Oriente...

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La pesca con cormorán

En ciertas localidades de China, como en Guilin, a las orillas del río Lijiang, o en el lago Erhai, se utiliza el cormorán para la pesca. Se le ata un cordel en la parte inferior del cuello de manera que pueda capturar el pescado, pero no tragárselo. El pescador, cuando el cormorán ha capturado una pieza, se la extrae (ya que queda prisionera en su cuello) y lo dispone todo para efectuar nuevas capturas.

La imagen de las frágiles embarcaciones deslizándose sobre el agua me sedujo desde el principio. Las siluetas de los pescadores bajo los sombreros cónicos y la estampa de los pájaros recortándose en la oscuridad eran la misma esencia de la belleza. Las luces sobre los troncos en la noche me recordaban los bailes de farolillos.

Pero, ¿y el cormorán? Ese pájaro de hasta 90 cm que construye su nido en acantilados o en árboles y se ve reducido a ejercer de anzuelo. Me pregunto cuántas veces hemos utilizado cormoranes disfrazados para conseguir nuestros propósitos. Pienso en ello a menudo…

 

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Ciudades subterráneas

Cavernas, grutas, espacios cerrados que nos traen a la memoria lugares lóbregos, aires enrarecidos. No habría sido lo mismo enfrentarme a estas ciudades subterráneas si no hubiese viajado a la Capadocia y me hubiera dejado seducir por sus estructuras oníricas.

Hay muchos clases de arquitecturas imaginarias que tienen relación con la cultura y, también, con la fantasía y el visionario. Se habla de ciudades de hielo o de agua como, por ejemplo, la proyección de la Fata Morgana, una presunta ciudad de cristal y agua que suele aparecer en el estrecho de Messina iluminada y coloreada por el arco iris. También se han visto y descrito ciudades aéreas, leyendas basadas en las formas arquitectónicas que adquieren las nubes en determinadas condiciones atmosféricas.

Cuando recreé la ciudad subterránea de Kaimakli, no tuve ninguna sensación claustrofóbica. Retrocedí mil cuatrocientos años, e intenté visionar su construcción sobre una serie de cien túneles que, a manera de laberinto vertical, conectaban diferentes niveles de habitáculos, talleres e incluso corrales. Sus primeros habitantes la llamaban Enegup.

Con toda seguridad, un espacio que ha pasado a formar parte de mi imaginario.

 

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Una figura de terracota del Museu Guimet

Arquitectura china

Yu necesitaba un lugar donde vivir y yo necesitaba imaginar las ciudades de un país que prácticamente no conserva nada de la época. La inmersión para entender su manera de construir me atrapó.

De manera contraria a lo que sucede en Occidente, la arquitectura china pone énfasis en el impacto visual de la amplitud de los edificios. Una de las características más importantes es la simetria bilateral, que tiene que ver con el balance.

A diferencia de otros materiales de construcción de edificios, las estructuras de madera viejas no sobreviven porque son más vulnerables a la intemperie y al fuego, y son susceptibles de pudrirse con el paso del tiempo. La pagoda de Songyue construida en el 523 es la pagoda existente más antigua de la China. El uso de ladrillos en vez de madera tuvo mucho que ver con su resistencia a lo largo de tantos siglos.

El Museo Guimet de París me proporcionó los modelos necesarios para poder llenar el espacio físico de la ciudad de Wuhan.

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La figura de un monje esculpida por los elementos.

El arte del Suiseki (las piedras paisaje)

Uno de los descubrimientos que me atraparon con más fuerza fue el arte del Suiseki. Seguramente por todo lo que tiene de imaginativo.

El Suiseki es una roca esculpida por la fuerza de la naturaleza. Es apreciada y venerada porque posee la fuerza de sugerir un paisaje, un objeto. En general no es más pequeña que la mano humana. Un Suiseki muy bueno tiene el poder de representar a los ojos del ser humano, en unos cuantos centímetros, la tierra y el cosmos.

Pero lo que encuentro realmente interesante es la mirada. Cada persona, como si jugara a descubrir imágenes en las nubes, proyecta  su imaginario y sus vivencias para convertirla en una pieza única.

La montaña que a mi me recuerda el Montseny a un espectador oriental le puede parecer el tramo final del Qomolangma, una de las cimas más altas del mundo.

 

 

Una cordillera.

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Un abanico con escrituras “nu shu”.

Un lenguaje secreto. El “nu shu”

Supuso toda una revolución que, hace más de mil años y durante siglos, mujeres de algunas regiones de China utilizaran una caligrafía de dos mil caracteres incomprensible para los hombres, que en la actualidad aporta valiosos documentos para la historia china. Actualmente, tan sólo unas diez ancianas en todo el país conocen el “nu shu”, ese lenguaje femenino, y algunos investigadores lo están preservando antes de que desaparezca.

Hace 1700 años, las mujeres chinas no tenían derecho a la educación formal y vivían sometidas en casa de sus padres y después en casa de sus maridos. Expulsadas del idioma de los hombres, decidieron inventar un idioma propio, el “nu shu”, que en chino significa escritura de mujeres.
La respuesta genérica frente a la exclusión se fue expandiendo en redes afectivas, entre madres e hijas, entre amigas, creando vínculos más fuertes que la misma sangre. “Hermandades Juradas” que repartieron mensajes cotidianos, emociones, deseos y sueños que vivían a diario las campesinas analfabetas, las mujeres sometidas.
El “nu shu”, que muchas mujeres aprendieron de niñas, fue utilizado principalmente para la creación de las “Cartas del tercer día”, unos mensajes escritos sobre tela mediante los cuales las mujeres transmitían consejos a sus hijas sobre el matrimonio. Eran enviados tres días después de la boda.

Allí se recogían, como enseñanza para la novia inexperta, canciones cifradas en esta lengua, con sueños, esperanzas y sentimientos compartidos por otras mujeres.

La vida de las mujeres casadas era difícil, porque eran obligadas a abandonar su lugar de nacimiento, sus amistades, y a partir hacia la comunidad de su esposo, alguien a quien no habían visto nunca y con el que tenían que pasar el resto de sus vidas.

En diarios y abanicos se han encontrado reflexiones íntimas, consejos, descripciones de bombardeos, guerras… Hay quien asegura que la inventora fue una de las concubinas de un emperador, que ideó este lenguaje para poder comunicarse con sus amigas sin ser descubierta. Con el paso del tiempo y la extensión del uso de la lengua china se fue arrinconando este código femenino. Después de la revolución china, en l949, comenzó un proceso de purga y las mujeres que practicaban el “nu shu” tuvieron problemas. Los comisarios políticos, al no poder entender los trazos, desconfiaron y lo calificaron como el lenguaje de las brujas.

No parece que hayamos avanzado mucho, con demasiada frecuencia todo aquello que no somos capaces de entender lo rechazamos con calificativos que son muestra de nuestra intolerancia hacia lo desconocido.

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Gracias por vuestra curiosidad.

Coia Valls

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